SHARPHOLDER O LA IRRUPCIÓN DE LOS STAKEHOLDERS CRÍTICOS

¿Un consumidor puede rebelarse contra una compañía y poner en peligro su negocio? ¿Una asociación de consumidores es capaz de lograr una compensación para ciudadanos perjudicados? ¿La ciudadanía organizada puede detener la construcción de un mall? Sí, a todas las anteriores.

Experiencias locales tenemos, muchas, recientes e in crescendo. Por mencionar algunas: Freirina, Dominga y, la que ha vuelto a ser noticia hoy, el Mall Barón. Todos con presencia de inversionistas renombrados, compañías con recursos ilimitados, junto con un ejército de asesores, de todo tipo, dispuestos a sacar adelante estos proyectos. Sin embargo, con un denominador común: la subestimación del poder y alcance del otro.

Cuando decimos “del otro”, hablamos del archiconocido y manoseado concepto de stakeholder. El mismo al que muchas compañías aún sitúan dentro de un “mapa satelital”. En una concepción errada. Pensando a la empresa como el rey sol, con sus satélites (stakeholders) girando en torno a él. Todos supuestamente mapeados, pero poco conocidos, no categorizados y casi nunca conectados. En una mirada más vertical que horizontal y sin entender que ambos forman parte del mismo ecosistema.

¿Qué viene después? Issues importantes, que luego se transforman en crisis, como producto de acciones erradas y/o inacción sobre estos stakeholders. ¿Cómo se explica esto? Por una sencilla razón, no todos tienen la misma relevancia ni menos el mismo alcance.

Como dijo Jorge Sharp, alcalde de Valparaíso y la cara más visible del movimiento contra el Mall Barón, al comentar el fallo de la Corte Suprema que literalmente terminó por sepultar la construcción del proyecto:“la resolución no nos toma por sorpresa, porque es el resultado de 10 años de una acción que la ciudadanía de Valparaíso sistemáticamente ha venido desarrollando y por tanto la decisión de la Corte Suprema en sentencia de casación, lo que hace es otorgarle un fuerte espaldarazo precisamente a esas organizaciones ciudadanas”.

Esta última crisis, ha puesto en el tapete a una nueva categoría de stakeholder, dando paso a uno más radical, que va sofisticando su maniobrar y mutando según la contraparte que tenga al frente. El que para efectos de esta columna, y personificado en la figura de Jorge Sharp, denominamos “SharpHolder”. Un actor relevante e influyente, un Stakeholder Crítico, que puede ocasionar daños reputacionales y económicos importantes, producto del desconocimiento que existe sobre su forma de actuar, mala, poca o nula gestión sobre él, junto con escasa (o nula) conexión con sus deseos y aspiraciones.

Este nuevo stakeholder es transversal, recorre y expone a todos los sectores e industrias (financiera, retail, energía, minería , etc), por ello es urgente que las empresas lo incluyan en sus estrategias y modelos de gestión. Una inclusión en donde la compañía, desde la alta dirección, asuma su problemática real y gestione desde su propósito.

Dejando de escuchar a premios y rankings de reputación, que aportan poco y nada al negocio. Asumiendo a este Stakeholder Crítico con sentido y empatía.Y lo más importante, planteándose las aspiraciones de ambas partes desde un modelo win-win, de lo contrario alguien saldrá perjudicado. Y la casuística del último tiempo es clara al señalarnos quién.

Tomando el caso de Valparaíso, el SharpHolder es una nueva mirada, más organizada, eficiente y poderosa. Mirada y accionar que a partir de hoy ha hecho más conocido y masivo al Stakeholder Crítico.

Por ello, la situación de Valparaíso nos puede servir de enseñanza para entender que existe un nuevo actor con el que las empresas deben acostumbrarse a convivir y también a entender cómo asimilar. Un concepto que entró a la fuerza y las empresas no vieron venir. Sin embargo hoy se ven obligadas a aprender a gestionar.

Columna original publicada en El Mostrador Mercados

Columna original publicada en El Mostrador Mercados 10/01/18